
Bienvenidos a mi burbuja, espacio etéreo,redondo, perfecto. No necesitais aire para poder respirar, solo un poco de magia. Liberad vuestras mentes. Ahora estais en la BURBUJA. Seré buena con todos vosotros, si vosotros lo sois conmigo. Adelante.
Lo que nunca olvidaré será la cara de los que antes habían sido mis vecinos, algunos incluso amigos. Me miraban con extrañeza, sin atreverse apreguntar, sin acercarse, como si pudiera contagiarles alguna enfermedad, sus miradas me decían: -"Vete de aquí, este ya no es tu tiempo, no perteneces a nuestro círculo"-
Porque había tenido una segunda oportunidad, por haber vuelto a encontrar el amor, por vivir en paz y estar agradecida.
Me costó unos días hacerme a la idea de que algo asi me hubiera pasado a mi. Era como una peli de ciencia ficción. O de terror.
Me gustaría ser capaz de transmitir esta sensación de ahogo, de sentimiento de pérdida, de algo que no volverá y que no he sido capaz de atrapar en mis vivencias, en mis recuerdos. Para mi hacía solo unos meses que le había dado la vida, que me desvivía para que no pasara hambre, ni frío, estuviera siempre cómodo y limpio, daba igual la hora, daba igual que yo no durmiera. Era feliz con mi pequeño Andrés. Ahora, el muchachito que me miraba asustado y que tenía enfrente, era un total desconocido.
Ese día hablé con Andrés muy poco, del cole, del tiempo, de lo grande que estaba, solo quería mirarle y volver a alimentarme con su olor, ese olor tan cercano para mi y tan lejano en el tiempo.
No me sorprendió lo de mi marido, en realidad, más que sorprenderme, no me afectó. Nuestro matrimonio hacía tiempo que no funcionaba y nos dejábamos llevar por la rutina y la monotonía, a pesar que la vida nos había regalado a nuestro bebé.
La buena noticia es que la situación holgada de la nueva pareja de Manuel hizo posible que nuestra antigua casa siguiera estando disponible y a mi nombre, con lo que al menos, no me vi en la calle.
Mi despertar había sido total, sin efectos secundarios y por tanto ya no había necesidad de permanecer en el hospital.
No tenía familia, solo me quedaba mi pequeño Andrés, y Manuel y yo ya habíamos propuesto un plan de visitas para que poco a poco me fuera acercando a él.
Esa era ahora mi única ilusión, mi único sueño, mi meta.
Continuará...
Llega un momento, en las discusiones de pareja, que es imposible volver atrás. Pasa lo mismo cuando se hace el amor. Aunque este no era el caso.
Pero alguien les vino a ayudar.
Sonar la música, empezar a bailar el bebé y mirarle extrañados fue todo uno. La carcajada estaba servida.
Comencé por no cenar. Luego fue el desayuno, ya nadie me controlaba, para ellos era perfecta. Fui reduciendo las cantidades de alimento que mi cuerpo asimilaba. Prácticamente solo comía manzanas y lechuga. Agua en los últimos tiempos.
Y ahí están ellos. Convencidos de que lo han hecho bien y que su hija era perfecta. Aun ahora, no pueden creerse que estén asistiendo a mi propio entierro.
YO NO NACÍ INFIEL.
Nunca pensé que me pudiera pasar a mi. Creo en el amor y pienso que cuando amas, solo tienes un único objeto de deseo. Lo que no pensaba es que se pudiera dejar de amar y que necesitara tanto hacerlo, que lo arriesgaría todo por un poco mas. Es una auténtica adicción.
Cuando el día a día mató el amor, cuando ya no había restos de mariposas en el estómago, cuando mis ojos no brillaban, cuando intentábamos reconstruir y caíamos una y otra vez, supe que, simplemente, se había acabado.
Aun así, en mi interior, yo sé que no buscaba nada, al menos conscientemente, pero entro él en mi vida. Y ya no le pude echar.
Mis días de desengaño, de tristeza, de soledad me habían hecho sensible a la limosna que alguien pudiera darme. Me sentía vacía y seca. Aun así, y sabiendo que no era bueno, que no había futuro, que estaba engañando,que me había vuelto premeditada y oscura, mis ojos volvieron a brillar, mi corazón a latir, y mi sangre a fluir. Era lo más fuerte contra lo que he tenido que luchar. Y caí. Y lo sigo haciendo. Porque me da la vida a la vez que me la quita. Porque es amor, al menos una clase de amor. Un amor diferente.
Nunca pensé que sería una adúltera. Pero lo soy. Y lo peor es que vivo con ello.
YO NO NACÍ PROSTITUTA.
Me crié en un pequeño pueblo de La Mancha. Sencillo.Tranquilo.
Estudié lo básico y luego me puse a trabajar en una tienda de ultramarinos para ayudar a mis padres. Poco a poco, salíamos adelante. Nunca me consideré valiente,ni cobarde tampoco, simplemente la vida nunca me había puesto en ninguna situación en la que tuviera que tirar para adelante.
Conocí a José, nos enamoramos y nos casamos. Él era un poco más ambicioso que yo, tenía sueños y un pequeño taller de motos. Quería ir a la capital, probar fortuna y dar un futuro "mejor" (¿mejor?yo había tenido una buena vida) a nuestro hijo, que ya tenía unos meses.
Nos mudamos y al principio todo fue más o menos bien. Trabajamos mucho. Él montó su taller con esfuerzo y empezó a hacer una clientela, yo encontré trabajo de cajera en un super.
Llegaron los mellizos y bueno...la cosa se complicó un poco. No teníamos suficiente para la guardería y tuve que quedarme en casa, con los niños. En esa época, a José, se le cayeron dos de sus más importantes clientes, unos que utilizaban las motos como vehículos publicitarios y se notó muchísimo en la facturación mensual. Empezamos a tener deudas.
No lo pudo resistir y con 37 años tuvo un infarto fulminante.
Él no aguantó y yo no le pude ni llorar.
Tenía tres pequeñas bocas que alimentar y rápido. Estaba en juego el piso; el taller ya lo había perdido al no poder hacer frente a los pagos pendientes.
Esa tarde tuve mi primer cliente. Curiosamente, por la noche, era más fácil colocar a los niños, pues alquilaba mi cama a una inmigrante ilegal a cambio de que cuidara a los pequeños.
Esa noche, con ese cliente, lloré a mi marido.
A mi pueblo. A mi tienda de ultramarinos. A los sueños de grandeza.
Pero mis hijos comen y duermen bajo techo.
Pero yo sigo llorando cada noche.
YO NO NACÍ ASESINA.
Parecía el matrimonio ideal. Qué suerte había tenido. Aunque nunca había sido una belleza ni era de las chicas más populares de mi entorno, él se fijó en mi. Quizá influido por el dinero de mi padre, bueno, eso lo sé ahora.
El caso es que yo andaba supercontenta, presumiendo de chico, guapo, con estilo, cultura y un buen apellido aunque con escasos fondos.
Los primeros meses parecieron funcionar bien, él llegaba tarde a casa pero trabajaba mucho, al menos era lo que me decía. No era demasiado cariñoso pero yo lo justificaba debido al stress de su trabajo, de la responsabilidad de ocupar un cargo directivo en la empresa de mi padre. A mi no me importaba, yo era feliz.
Todo cambió al quedarme embarazada. Se volvió huraño, brusco, callado. No era ese el estado de un feliz padre primerizo.
Yo no estaba ya tan contenta, ciega y feliz y algo en mi interior me hizo resurgir, salir de esa apatía y sumisión en la que, hasta ahora y refugiada en mi buena suerte a la hora de pescar marido, me había sumergido.
Empecé a cuestionarle. Las llegadas tan tarde, los movimientos de dinero, el olor a perfume. La primera bofetada no se hizo esperar. Me partió el labio. Su frialdad fue lo que más me asustó.
Durante unas cuantas semanas no me atreví a respirar pero una cuenta en números rojos me hizo reaccionar ¿qué estaba haciendo el hombre con el que vivía?
Según él, vivir como le correspondía, que ya tenía suficiente con aguantarme a mi, a la hija del jefe, a la que nadie quería soportar.
No sé si fue el nuevo ser que llevaba en mis entrañas pero me enfrenté a él y le dije todo lo que se merecía. Ya no le quería ni ver. Me constaban sus salidas con otras mujeres y el desprecio que me tenía a mi y a toda mi familia. Pero lo último no pude gritárselo, me volvió a partir la boca, me cruzó la cara, me empujo, me dio una bofetada, y una patada envenenada con tanta ira y con tan mala suerte, que me mandó directamente al hospital.
Perdí a mi hijo. El que me había dado la valentía. El que me había hecho abrir los ojos.
No volvía derramar una sola lágrima después de esa noche en la que me ahogué en mi propio llanto.
En cuanto pude andar, tenerme en pie, no lo dudé un instante. Me convertí en una asesina.
¿Arrepentida? aquí, entre los barrotes de mi celda, te diría que NO.
No dejaron ni un solo centímetro de mí cuerpo sin revisar.


Un día, al caer la tarde, oímos sonar las alarmas de palacio y un revuelo inusual cerca de las puertas del harén. Las mujeres nos asomábamos a nuestras estrechas ventanas profusamente labradas a través de las cuales podíamos tener acceso a determinadas partes del palacio.
Las vi alejarse, entre una mezcla de tristeza e inquietud, con la promesa de volver a reencontrarnos. Desde el ventanuco mas exterior, observé con miedo cómo lograban salir del palacio y zafarse de la guardia real y me alegré mucho por ellas.

No hay que decir que nuestro estatus era de lo mas bajo. La "sultana" se fijó en el cabello de Yedra, largo y rubio como el trigo y en mi melena, roja como el fuego. Se quedó un poco extrañada y comentó: "estas dos puede que satisfagan a mi hijo, la morena azabache (refiriéndose a Hada) que siga en la celda hasta nueva orden mia y ahora traedme algo para vendarme la mano".
Noté en su mirada curiosidad y supe que se le había pasado el enfado.

Una mañana (calculamos que al cuarto o quinto día) se presentó antes nosotros un hombre imponente, negro como el carbón, vestido con lujosas telas y aunque desprendía grandeza y seguridad, éstas se mezclaban con una cierta sumisión típica de los esclavos. Luego nos enteramos que era el eunuco jefe del harén.

Que no, sirenita.
Es que estoy preparando una historia de las mil y una noches, un poco de amor y fantasía para estos días tan calurosos de verano. Un poco de pacienciaaaaa!!!
Besitossssssssss.