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miércoles, octubre 22, 2008

HALLOWEEN




No os perdais este nuevo



2º Ciclo de Micro Mini Cuentos de Preocupante Final,



Halloween 2008



en






Merece la pierna...ummmmmm!!!

miércoles, mayo 28, 2008

El Despertar (II)

Era como comenzar una nueva vida. Desde cero.

No sabía qué pasaba con la política, quién había ganado la liga, si el pan estaba barato o por el contrario había subido muchísimo. La ropa... ni lo que se llevaba ni lo que no. Pero esas nimiedades eran lo de menos. En poco tiempo me pondría al día.

Lo que nunca olvidaré será la cara de los que antes habían sido mis vecinos, algunos incluso amigos. Me miraban con extrañeza, sin atreverse apreguntar, sin acercarse, como si pudiera contagiarles alguna enfermedad, sus miradas me decían: -"Vete de aquí, este ya no es tu tiempo, no perteneces a nuestro círculo"-

Durante mucho tiempo me sentí rechazada y sola, sólo por haber tenido la mala suerte de caer enferma y perderme 7 años de mi vida...

Pero tenía que ponerme las pilas. Por mi. Por mi niño. Le veía a menudo y había roto el hielo del inicio, Andrés se acercaba a mi, me abrazaba y con sus besos se alimentaba mi sangre y me daba la energía suficiente hasta que le volvía a ver.

Lo primero que hice fue ponerme en contacto con mi antigua empresa. Me trataron bastante bien, dadas las circunstancias, aunque me dio pena no encontrar a ninguno de mis compañeros de aquella época...solo a uno: a Pablo.

Pablo había sido buen compañero y me ayudaba en todo lo que podía. También habíamos congeniado fuera de lo meramente "laboral" y habíamos tomado un par de cafés juntos cuando el stress nos podía, nunca pensamos en nada mas, él estaba casado como yo y tenía una niña algo mayor que Andrés.

Como era la hora de la salida, me acompañó a la calle y sin los tapujos y vergüenzas que había sentido en otras personas, me preguntó por todos los detalles de lo que me había pasado. Estuvimos horas en aquella cafetería.

Pablo, en esos 7 años, se había separado y vivía solo, relativamente feliz.

Esa visita cambió mi situación radicalmente. Fue el pistoletazo de salida. Comencé a trabajar, Pablo no se separaba de mi, empezamos a salir, y comenzamos una relación muy bonita. Ambos de cero.

A menudo nos reuníamos en casa, Pablo, Marisol (su hija), Andrés (que cada vez pasaba temporadas más largas conmigo) y yo, frente al fuego de la chimenea asando castañas...hasta que llegó el día en que me sentí FELIZ.

Ya no me sentía desdichada ni frustrada por haber estado 7 largos años, ese gran paréntesis, fuera de la vida de mi hijo, del mundo...no, ya no. Ahora me sentía afortunada. Afortunada porque había muerto y vuelto a la vida, y eso no lo puede decir mucha gente.

Porque había tenido una segunda oportunidad, por haber vuelto a encontrar el amor, por vivir en paz y estar agradecida.

Mi meta, actualmente, es vivir mi día como si fuera el último y mi despertar como si fuera el primero.

Por cierto, mi nombre...Me llamo ACANTHA.

martes, mayo 27, 2008

El Despertar (I)

Cuando me desperté, me di cuenta de que algo no iba bien. Me sentí entumecida y algo confusa. No reconocía el lugar donde me hallaba y solo deseaba abrazar a mi bebé.

Miré a mi alrededor y no vi la cuna. Me asusté. Por fin, cuando alguien vino a la habitación, no me hizo falta hablar, con la mirada lo preguntaba todo, necesitaba saber. Y ella, pausadamente, me explicó todo lo que necesitaba oir.


Me costó unos días hacerme a la idea de que algo asi me hubiera pasado a mi. Era como una peli de ciencia ficción. O de terror.

Pronto tuve una visita muy esperada. Mi marido, Manuel, y mi niño vinieron a verme tras conocer la noticia de mi despertar. Él estaba prácticamente igual, no había cambiado mucho, pero mi bebé era ya un muchachote de siete años, siete!...y yo me los había perdido todos.


Me gustaría ser capaz de transmitir esta sensación de ahogo, de sentimiento de pérdida, de algo que no volverá y que no he sido capaz de atrapar en mis vivencias, en mis recuerdos. Para mi hacía solo unos meses que le había dado la vida, que me desvivía para que no pasara hambre, ni frío, estuviera siempre cómodo y limpio, daba igual la hora, daba igual que yo no durmiera. Era feliz con mi pequeño Andrés. Ahora, el muchachito que me miraba asustado y que tenía enfrente, era un total desconocido.

Mi marido me explicó que había rehecho su vida, que lo que me había ocurrido, mi despertar, era solo una pequeñísima posibilidad según los médicos, que nunca se produciría y que él, a pesar de creer que nunca volvería a estar con nadie se había sorprendido al poder continuar con su vida.


Ese día hablé con Andrés muy poco, del cole, del tiempo, de lo grande que estaba, solo quería mirarle y volver a alimentarme con su olor, ese olor tan cercano para mi y tan lejano en el tiempo.

No me sorprendió lo de mi marido, en realidad, más que sorprenderme, no me afectó. Nuestro matrimonio hacía tiempo que no funcionaba y nos dejábamos llevar por la rutina y la monotonía, a pesar que la vida nos había regalado a nuestro bebé.

La buena noticia es que la situación holgada de la nueva pareja de Manuel hizo posible que nuestra antigua casa siguiera estando disponible y a mi nombre, con lo que al menos, no me vi en la calle.

Mi despertar había sido total, sin efectos secundarios y por tanto ya no había necesidad de permanecer en el hospital.

No tenía familia, solo me quedaba mi pequeño Andrés, y Manuel y yo ya habíamos propuesto un plan de visitas para que poco a poco me fuera acercando a él.

Esa era ahora mi única ilusión, mi único sueño, mi meta.

Continuará...

martes, mayo 20, 2008

Nuevo método ANTI-BRONCAS

La discusión fue subiendo de tono sin que apenas se dieran cuenta.
Lo que había empezado por una simpleza, una tontería, se estaba convirtiendo en un abanico de reproches y amargura reprimida durante mucho tiempo.

Llega un momento, en las discusiones de pareja, que es imposible volver atrás. Pasa lo mismo cuando se hace el amor. Aunque este no era el caso.

Lo que comienza siendo una discusión, se convierte en un pulso, en un quién aguanta mejor el tipo, quién dice la recriminación más gorda, más lógica e imposible de rebatir, ya no se controla lo que se dice ni cómo se dice, solo se sabe que se tiene que echar fuera y ya.

Eso es muy peligroso, hay cosas que es mejor callar...

Los expertos dicen que aquellas parejas que saben resolver sus problemas con sentido del humor son los que sobreviven mejor a estas "guerrillas caseras" y los que suelen aguantar mas tiempo en sus relaciones.

El caso es que, ese era el instante, en que se necesitaba una nota de humor, algo que relajara la tensión, pero tanto ella como él no pensaban en reir, sólo en escupir palabras dolientes con los ojos inyectados en sangre.

Pero alguien les vino a ayudar.

Su pequeño de 14 meses y un día (hacía un par de semanas que andaba y que recorría la casa a sus anchas) observaba con atención a sus padres. No sabía de qué iba la historia pero intuía que algo no iba bien, que algo no le gustaba. Ni corto ni perezoso, se fue directo a la minicadena que reposaba sobre la encimera caoba del mueble que tenían en el salón y como si fuera un acto cien veces ensayado, apretó con destreza el botón de "Play" y el cd que se escondía silencioso en la bandeja empezó a sonar a toda pastilla.

No sé qué extraña confabulación hizo que el tema que sonara fuera un antigüo ritmo de los "Village People" reversionado con teclados y ritmos actuales, algo que volvió loco al bebé e hizo que éste empezara a a mover el cuerpo con una gracia inusual para su corta edad.

Sonar la música, empezar a bailar el bebé y mirarle extrañados fue todo uno. La carcajada estaba servida.

Los tres se abrazaron y no volvieron a regañar al pequeño por tocar las teclas de su valiosa minicadena.

viernes, diciembre 28, 2007

Inocencia PERDIDA

YO NO NACÍ MENTIROSA.
Pero mis padres me exigían demasiado.
Buenas notas, formalidad, aseo, vestimenta adecuada, compostura.
No se me permitía vestir con libertad, ni reunirme con mis amigas, mucho menos salir con chicos.
Y me sentía prisionera,con solo 14 años.
Empecé a hacerlo como una salida fácil a mis pequeños errores. Yo no era perfecta, como ellos pretendían, así que un día en el que perdí el autobús, les dije una pequeña mentirijilla, fue fácil.
Lo que me sorprendió es que ellos aceptaron la mentira mucho mejor que la verdad ¿es que mis propios padres no querían verme como realmente era?
Luego fueron las notas, las salidas los fines de semana, el cambio de ropa en el ascensor, ya no podía parar. Me inventé una personalidad para ellos, ideal a sus ojos, ellos estaban felices, sin ver lo que realmente ocurría y yo podía hacer mi vida.
Aunque llegó un día que ni yo misma sabía quién era, eran demasiadas mentiras. Necesitaba empezar a controlar algo sino la montonera de cartas empzarían a derrumbarse.


Comencé por no cenar. Luego fue el desayuno, ya nadie me controlaba, para ellos era perfecta. Fui reduciendo las cantidades de alimento que mi cuerpo asimilaba. Prácticamente solo comía manzanas y lechuga. Agua en los últimos tiempos.
Y ahí están ellos. Convencidos de que lo han hecho bien y que su hija era perfecta. Aun ahora, no pueden creerse que estén asistiendo a mi propio entierro.

YO NO NACÍ INFIEL.
Nunca pensé que me pudiera pasar a mi. Creo en el amor y pienso que cuando amas, solo tienes un único objeto de deseo. Lo que no pensaba es que se pudiera dejar de amar y que necesitara tanto hacerlo, que lo arriesgaría todo por un poco mas. Es una auténtica adicción.
Cuando el día a día mató el amor, cuando ya no había restos de mariposas en el estómago, cuando mis ojos no brillaban, cuando intentábamos reconstruir y caíamos una y otra vez, supe que, simplemente, se había acabado.
Aun así, en mi interior, yo sé que no buscaba nada, al menos conscientemente, pero entro él en mi vida. Y ya no le pude echar.

Mis días de desengaño, de tristeza, de soledad me habían hecho sensible a la limosna que alguien pudiera darme. Me sentía vacía y seca. Aun así, y sabiendo que no era bueno, que no había futuro, que estaba engañando,que me había vuelto premeditada y oscura, mis ojos volvieron a brillar, mi corazón a latir, y mi sangre a fluir. Era lo más fuerte contra lo que he tenido que luchar. Y caí. Y lo sigo haciendo. Porque me da la vida a la vez que me la quita. Porque es amor, al menos una clase de amor. Un amor diferente.
Nunca pensé que sería una adúltera. Pero lo soy. Y lo peor es que vivo con ello.

YO NO NACÍ PROSTITUTA.
Me crié en un pequeño pueblo de La Mancha. Sencillo.Tranquilo.
Estudié lo básico y luego me puse a trabajar en una tienda de ultramarinos para ayudar a mis padres. Poco a poco, salíamos adelante. Nunca me consideré valiente,ni cobarde tampoco, simplemente la vida nunca me había puesto en ninguna situación en la que tuviera que tirar para adelante.
Conocí a José, nos enamoramos y nos casamos. Él era un poco más ambicioso que yo, tenía sueños y un pequeño taller de motos. Quería ir a la capital, probar fortuna y dar un futuro "mejor" (¿mejor?yo había tenido una buena vida) a nuestro hijo, que ya tenía unos meses.
Nos mudamos y al principio todo fue más o menos bien. Trabajamos mucho. Él montó su taller con esfuerzo y empezó a hacer una clientela, yo encontré trabajo de cajera en un super.
Llegaron los mellizos y bueno...la cosa se complicó un poco. No teníamos suficiente para la guardería y tuve que quedarme en casa, con los niños. En esa época, a José, se le cayeron dos de sus más importantes clientes, unos que utilizaban las motos como vehículos publicitarios y se notó muchísimo en la facturación mensual. Empezamos a tener deudas.
No lo pudo resistir y con 37 años tuvo un infarto fulminante.
Él no aguantó y yo no le pude ni llorar.
Tenía tres pequeñas bocas que alimentar y rápido. Estaba en juego el piso; el taller ya lo había perdido al no poder hacer frente a los pagos pendientes.
Esa tarde tuve mi primer cliente. Curiosamente, por la noche, era más fácil colocar a los niños, pues alquilaba mi cama a una inmigrante ilegal a cambio de que cuidara a los pequeños.
Esa noche, con ese cliente, lloré a mi marido.
A mi pueblo. A mi tienda de ultramarinos. A los sueños de grandeza.
Pero mis hijos comen y duermen bajo techo.
Pero yo sigo llorando cada noche.

YO NO NACÍ ASESINA.
Parecía el matrimonio ideal. Qué suerte había tenido. Aunque nunca había sido una belleza ni era de las chicas más populares de mi entorno, él se fijó en mi. Quizá influido por el dinero de mi padre, bueno, eso lo sé ahora.

El caso es que yo andaba supercontenta, presumiendo de chico, guapo, con estilo, cultura y un buen apellido aunque con escasos fondos.
Los primeros meses parecieron funcionar bien, él llegaba tarde a casa pero trabajaba mucho, al menos era lo que me decía. No era demasiado cariñoso pero yo lo justificaba debido al stress de su trabajo, de la responsabilidad de ocupar un cargo directivo en la empresa de mi padre. A mi no me importaba, yo era feliz.
Todo cambió al quedarme embarazada. Se volvió huraño, brusco, callado. No era ese el estado de un feliz padre primerizo.
Yo no estaba ya tan contenta, ciega y feliz y algo en mi interior me hizo resurgir, salir de esa apatía y sumisión en la que, hasta ahora y refugiada en mi buena suerte a la hora de pescar marido, me había sumergido.
Empecé a cuestionarle. Las llegadas tan tarde, los movimientos de dinero, el olor a perfume. La primera bofetada no se hizo esperar. Me partió el labio. Su frialdad fue lo que más me asustó.
Durante unas cuantas semanas no me atreví a respirar pero una cuenta en números rojos me hizo reaccionar ¿qué estaba haciendo el hombre con el que vivía?
Según él, vivir como le correspondía, que ya tenía suficiente con aguantarme a mi, a la hija del jefe, a la que nadie quería soportar.
No sé si fue el nuevo ser que llevaba en mis entrañas pero me enfrenté a él y le dije todo lo que se merecía. Ya no le quería ni ver. Me constaban sus salidas con otras mujeres y el desprecio que me tenía a mi y a toda mi familia. Pero lo último no pude gritárselo, me volvió a partir la boca, me cruzó la cara, me empujo, me dio una bofetada, y una patada envenenada con tanta ira y con tan mala suerte, que me mandó directamente al hospital.
Perdí a mi hijo. El que me había dado la valentía. El que me había hecho abrir los ojos.
No volvía derramar una sola lágrima después de esa noche en la que me ahogué en mi propio llanto.
En cuanto pude andar, tenerme en pie, no lo dudé un instante. Me convertí en una asesina.
¿Arrepentida? aquí, entre los barrotes de mi celda, te diría que NO.

miércoles, agosto 22, 2007

Las Mil y Una noches: La AVENTURA

No dejaron ni un solo centímetro de mí cuerpo sin revisar.

El pelo era señal de impureza así que fui depilada exhaustivamente. Fui sometida al influjo de embriagadores aromas con los que impregnaron mi piel y vestida con las gasas y los brocados más hermosos de todo Oriente.


Mis hermanas me miraban extrañadas entre una mezcla de miedo y curiosidad. Y yo…, yo no quería pensar en lo que me esperaría esa noche.


Esta preparación duró casi todo el día. A la caída del sol, fui llevada ante la presencia del Sultán.
Frente a frente y ya sin su escolta privada, Suleiman se mostró tal cual era.


-”¿Tienes miedo?” me preguntó.
- “No, mi señor. El miedo está destinado a aquellos que pueden elegir entre seguir o huir. En mi caso,no tengo elección.”-
-“Puedes irte si quieres, contestó él”-.
-“Que sería de mi o de mis hermanas si yo me fuera?”-.


Entonces él se calló y al rato me dijo: -“no puedes irte ahora, todos saben que te he llamado a mi lecho, pero yo no te voy a forzar a nada, quiero tu amor, siempre que tú me lo des libremente.”-
-“Eso es imposible, yo soy solo una esclava.”-
-“Olvida eso por unos momentos, ahora somos iguales.”-


Empecé a relejarme, pero solo un poco, yo seguía a la defensiva. A medida que pasaba la noche y nuestras charlas fueron pasando de triviales a un poco más profunda, fui descubriendo al verdadero hombre que se escondía tras el personaje.


Así transcurrieron las siguientes siete noches, las cuales fui llamada a su presencia , exactamente igual que el primer día.



La situación en el harén había cambiado, todas nos miraban ahora con una mezcla de desconfianza y estupor. Yo era la favorita del sultán y nuestro status había mejorado sensiblemente. Las tres vivíamos ahora en los aposentos mas lujosos solo destinados a las esposas.

No solo había cambiado el harén, mis sentimientos también.

Sabía que tarde o temprano caería rendida a los pies de ese magnífico hombre que había sido tan galante conmigo. En cambio, mis hermanas aunque eran tratadas con el mismo respeto que hacía mi, no valoraban las joyas o los ricos vestidos, y deseaban escapar de aquel mágico lugar.

Un día, al caer la tarde, oímos sonar las alarmas de palacio y un revuelo inusual cerca de las puertas del harén. Las mujeres nos asomábamos a nuestras estrechas ventanas profusamente labradas a través de las cuales podíamos tener acceso a determinadas partes del palacio.
Pronto nos enteramos de la noticia. Un temido pirata en conflicto durante años con Suleiman había atacado el castillo. Barbanegra, que así se llamaba, estaba a las puertas del harén con la intención de cruzar el pasillo al que ningún otro hombre, excepto los eunucos y el sultán podían acceder.

El harén se revolvió como gallinero y todas corrían despavoridas. Nosotras, en nuestra ignorancia, nos quedamos quietas y pronto el pirata se acercó a nosotras. El brillo en los ojos de Hada me hizo temer lo peor y mas cuando Barbanegra, un pirata formidable, negro como la noche y fuerte como dos hombres, se fijó en nuestra hermana mas morena.

Sin mediar palabra, la agarró de la cintura, la acercó despacio a su rostro y viendo la llama del deseo en los ojos negros de Hada, el pirata la besó, larga y cálidamente, y yo supe claramente que su destino ya había sido marcado.

Después de reaccionar, Yedra y yo percibimos la presencia de un occidental en el harén, entró tras Barbanegra y aunque al principio no le identificamos, Yedra descubrió con ilusión que el hombre que tenía antes sus ojos con un cinta de color en su pelo castaño mas largo de lo habitual, y con un arma en su mano, era su abogado, el mismo aburrido y conservador abogado, con el que se había comprometido en España.

-“Mi querida Yedra, hubiera recorrido el mundo entero por encontrarte. Fue una suerte que Barbanegra atacara mi barco y accediera a que te buscara en el famoso harén de Suleiman. Eres mi amor, mi vida y sin ti, no valía la pena seguir.”-

Yedra, estupefacta, intentaba reprimir la emoción que le embargaba, nunca, hasta ahora, le había encontrado tan atractivo, la aventura le sentaba bien y fue entonces cuando también comprendí que mi hermana mayor había vuelto a encontrar su camino, un destino…digamos, mucho más apasionado, que el que tenía hacía tan solo unas semanas.

-“Edén, tenemos la oportunidad de escapar, es ahora o nunca!!”-, me gritaban mis hermanas. Ellas habían decidido seguir a sus hombres. Y entonces mi corazón se partió pero no pude salir del harén.


Las vi alejarse, entre una mezcla de tristeza e inquietud, con la promesa de volver a reencontrarnos. Desde el ventanuco mas exterior, observé con miedo cómo lograban salir del palacio y zafarse de la guardia real y me alegré mucho por ellas.

Al poco, el harén volvió a su ritmo normal de vida. Esa noche sería la última que Suleiman me llamara a su presencia.

Cara a cara, me preguntó porqué no había huido, al igual que mis hermanas. Yo le conteste: -”Mi vida ahora está aquí”-.

Entonces, Suleiman, me dijo con el tono más tierno que nunca antes había sentido:
-”Comencemos entonces, esta nueva vida, a partir de ahora, no habrá más llamadas, a partir de ahora, tú serás la única que esté junto a mi durante mis noches y también durante mis días”-.

No necesité nada mas.

Esa noche, la primera de muchas otras, …esa noche, nuestra vida y nuestros cuerpos, fueron solo uno.

Este relato veraniego está dedicado especialmente a Yedra y a Hada. Y a los demás, gracias por permitir que haga volar mi imaginación y decore a LaBurbuja con magia oriental.

viernes, agosto 10, 2007

Las mil y una noches: El ENCUENTRO



Nunca imaginé que en un mundo tan cerrado como era el del harén existiese tanta jeraquía y clases sociales.

En función del estatus que tuvieras, tu vida podía cambiar radicalmente: ser tratada como una auténtica esclava, cocinando y lavando para las demás mujeres o como una reina, con esclavos a tu disposición, seguridad, vestidos y joyas.

La madre del sultán era la más poderosa del harén. Las esposas del sultán, solían ser cuatro aunque podían llegar a ser ocho. Sólo se llegaba a ser esposa si tenías la fortuna de engendrar un hijo.

Por debajo estaban las esclavas. Ninguna de ellas era musulmana ya que ningún seguidor del Islam puede ser esclavo. Luego estaban las concubinas, que si tenían un hijo, podían convertirse en esposas, las observadas, los eunucos y las mujeres del servicio.

Cuando llegamos fuimos rigurosamente escuadriñadas por la madre del sultán, Safiye. Nos miraba como carne de mercancía, incluso nos hizo enseñarle los dientes, oportunidad que Hada aprovechó para moderle la mano. Inmediatamente después, fue inmovilizada por los eunucos y se la llevaron a una especie de celda para que aprendiera que no has de moder la mano que te da de comer.

No hay que decir que nuestro estatus era de lo mas bajo. La "sultana" se fijó en el cabello de Yedra, largo y rubio como el trigo y en mi melena, roja como el fuego. Se quedó un poco extrañada y comentó: "estas dos puede que satisfagan a mi hijo, la morena azabache (refiriéndose a Hada) que siga en la celda hasta nueva orden mia y ahora traedme algo para vendarme la mano".

En cuanto se hubo ido, algunas de esas mujeres se acercaron para ayudarnos aunque las favoritas y las esposas, se encontraban en sus acomodadas habitaciones y ni nos miraban. De repente, todas, al unísono se volvieron hacia la puerta y dándose cuenta de quien entraba, se apresuraron a besar el suelo y a bajar la mirada.

-"Quién ha sido la que ha osado morder la mano de mi madre?"- gritó el sultán.

Vaya, no era como me lo había imaginado. El sultán parecía joven y de rostro amable aunque ahora estaba verdaderamente molesto. Tenía una voz bonita y un cuerpo atlético aunque no tan musculado como los eunucos.

-"Ha sido mi hermana, señor (me atreví a decir yo en mi precario turco), pero ya ha sido castigada, te ruego piedad para ella"-
-"Cállate mujer"- dijo Selim, el jefe de los eunucos, -"no hables si no eres preguntada directamente y no mires a la cara a nuestro querido sultán, ¡¡¡al suelo!!!!"-

Suleiman me miró y nuestro ojos se cruzaron. Noté en su mirada curiosidad y supe que se le había pasado el enfado.
-"Quién eres mujer?"
- "Me llamo Edén, señor y te ruego de nuevo por mi hermana Hada, ella no sabía lo que se hacía"-.

Suleiman me volvió a mirar un solo instante y sus ojos chispearon. Se dio la media vuelta, le dijo algo al oido a Selim y desapareció rápidamente del haren. Selim entonces fue a la celda de castigo y rescató a Hada. Las tres nos abrazamos fuertemente.

Así empezó nuestra vida en el harén.
Pasaron algunos días y nuestra actividad era frenética: limpiábamos, cocinábamos y ayudábamos a otras mujeres, cuidábamos también a los hijos del sultán y cuando llegaba la noche nuestros cuerpos caían en un pesado sueño del que no despertábamos hasta el amanecer.

Un día, Safiye, volvió a aparecer y directamente vino hacia nosotras. -"Preparad a la del cabello rojo, teneis mucho que hacer ya que ha sido llamada por mi hijo para esta noche".

Todas me miraron entonces. No era habitual que el sultán llamara a una esclava, normalmente y por lo que habíamos visto en estos días, solo había llamado un par de veces a su primera esposa y madre de su primogénito.

Me asignaron dos esclavas que me prepararían y en ese momento comenzó mi verdadera aventura. Yo tenía miedo...

¿Qué pasaría esa noche en compañía del joven sultán?

Las mil y una noches: El VIAJE



Llegaron de improviso. En plena noche.

Mis hermanas y yo nos vimos envueltas en gruesas mantas y a lomos de lo que parecían recios hombres, mas bien gigantes. Luego nos enteraríamos que eran eunucos.

Nuestro mundo, hasta ahora conocido y seguro, se convertía en una enorme interrogación, ¿qué sería de nosotras?.

Hasta ese día yo había sido una chica normal. Quizá algo rebelde para la época en que me había tocado vivir, pero era feliz. Destacaba en mi una larga cabellera pelirroja, mi padre decía que era por mi herencia irlandesa aunque nadie de mi familia poseía esta característica.

Me llamo Edén y esta es mi historia y la de mis dos hermanas, Yedra y Hada.

Yedra era la mayor y estaba prometida a un buen hombre, experto en leyes, y aunque algo aburrido y conservador, había logrado hacerle feliz. Yo era la mediana y hasta el momento, los hombres no me habían interesado demasiado. Hada era la pequeña y la más aventurera, siempre imaginaba lugares lejanos y tierras exóticas, qué poco imaginaba ella lo cerca que estaba ahora de sus sueños!

Al cabo de un rato, nos empujaron a una especie de habitación, donde un poco mas tarde, comprobamos que se trataba de un camarote, estrecho, mal ventilado, pero suficiente para nosotras. Nos quitaron las mantas y nos dejaron abandonadas a nuestra suerte. Nosotras nos abrazábamos y llorábamos.

Y así pasaron muchas horas, días.Una mañana (calculamos que al cuarto o quinto día) se presentó antes nosotros un hombre imponente, negro como el carbón, vestido con lujosas telas y aunque desprendía grandeza y seguridad, éstas se mezclaban con una cierta sumisión típica de los esclavos. Luego nos enteramos que era el eunuco jefe del harén.

Se dirigió a nosotras en un aceptable castellano y nos informó que ahora éramos propiedad del sultán Suleiman líder del Imperio Otómano y que cuanto antes nos hiciéramos a la idea, mejor nos irían las cosas.

Nos dijo que estaba allí para ayudarnos y prepararnos, que empezaríamos por aprender su lengua, el turco, inmediatamente. Nosotras nos miramos horrorizadas sin saber qué hacer. Pensamos en nuestra familia, nuestros amigos, nuestra cultura y cómo la nave en la que navegábamos iba dejando todo eso muy atrás.

Desde el primer momento, Hada y Yedra no mostraron ningún interés en aprender el turco, más cuando Selim, que así se llamaba, no tenía ninguna intención de utilizar la fuerza con nosotras ya que pronto comprendimos que éramos una preciada carga. Pero ellas solo pensaban en cómo podían regresar a casa

En cambio yo aprendí rápidamente a defenderme con el extraño lenguaje pues la compañía de Selim me gustaba, era amable, y me entretenía en las largas horas que pasábamos allí encerradas.
Un atardecer y tras ruidos enloquecidos de pisadas en el barco, tomamos tierra en el lejano Estambul. Nos volvieron a cubrir de pies a cabeza, dejando solo unas ranuras para los ojos y empezamos a caminar por estrechas calles envueltas en intensos olores, resguardándonos del resto de la gente.

Llegamos ante un inmenso castillo y a su no menos espectacular portón, flaqueado por dos inmensos guerreros. A una señal de Selim, nos dejaron pasar y seguimos caminando por el interior del palacio. Una tras otra, se iban abriendo las puertas a nuestro paso, hasta que llegamos a un jardín, lo cruzamos y vimos la puerta que sería la entrada de nuestro nuevo hogar: el haren.

Nos quitaron las telas que nos cubrían y nos encontramos frente a otras mujeres que nos miraban con curiosidad y desconfianza.

Continuará...

miércoles, agosto 08, 2007

Estamos de vacaciones o qué?

Qué pasa?
Ya nadie escribe en el blog?
Es que está cerrado por vaciones?

Que no, sirenita.

Es que estoy preparando una historia de las mil y una noches, un poco de amor y fantasía para estos días tan calurosos de verano. Un poco de pacienciaaaaa!!!

Besitossssssssss.